domingo, 23 de noviembre de 2014

Hay personas que no bailan, baila con ellas...

¿Como es que al bailar en pareja se me esta dando una gran lección de vida?

Aprender, empieza por saber que no es suficiente el moverse juntos, es necesario además que la danza  se convierta en un diálogo fluido, en un balance de ambos cuerpo y de uno con el otro y  entonces podrás ver  como la energía pasa de un cuerpo a otro con buen equilibrio, uno disponible para el otro, uno escuchando las posibilidades del otro. 

Eso es llevar el ritmo o como  se dice bailar al son del otro, doblarse  un poco como el bambú y ceder en situaciones donde yo creo que puedo seguir a la pareja, aceptar su cadencia.

Si recibo del otro la atención, el cuidado y la escucha podré potenciar mi capacidad de darle lo mismo o más.
Estoy hablando de saber de la necesidad del otro para que el pueda escuchar mi necesidad. Entonces allí empieza la magia y la celebración de la Danza.

Entrar en esa relación de comunicación y afinidad, transporta a los danzantes a un lugar mágico, que no es fantasía, es pura realidad.

Como mantenerte en el aquí y el ahora,mientras bailo con el otro?

Necesitamos  la atención consciente, necesitamos conciencia para sentir lo que sucede en el cuerpo, la conciencia  se fortalece al sentir por ejemplo la mano, el pie, la espalda, la mano del otro,  ambos brazos, los pies de todos los que danzan.

¿Y para qué sirve todo esto?  lo llamaré encarnamiento. 

Encarnar, esto te mantiene en el momento presente en conexión con la mente; es el movimiento mismo hecho presencia:  pones  fuera algo de ti,  saca también lo que observamos como EGO (Ego: falta identificación de uno mismo)por que el ego vive en tus procesos mentales y cuando accedes a la vida a través del cuerpo que respira, se mueves y atiende lo que pasa,  entonces es asi que se encuentra un sentido de identidad que es más profundo que el mismo pensamiento. El encarnamiento es personal y es tambien colectivo, por eso danzamos en pareja, en grupo. 

Invita a bailar al otro, llévalo de la mano, escucha su danza, porque eres la vida que sientes, eres presencia viva, independientemente, no importa  cual sea tu historia, si eres feliz, o no, eso no tiene nada que ver, al danzar te extiendes y proteges tu propia identidad.




martes, 19 de agosto de 2014

La danza de regreso a casa.

Piel vieja que se deja caer.

Sera cierto que el regreso a casa es inminente, la danza debe regresar a casa con piel nueva, la cadencia del corazón y las fuerza para dejar atrás el ego.

Hay un sopor natural en los bailarines que todos los seres humanos experimentamos en algún momento de nuestras vidas, ese aletargamiento que llega como a los 11 años de edad, siendo niños ya vivimos esto que muchas veces sentimos como perdida de luz y entrada en la oscuridad.

Perdemos la gracia para bailar, la dulzura del movimiento organizado por la sabiduría de los músculos, huesos, perdemos la sonoridad de las pequeñas células,

Los bailarines empiezan a buscar.

 ¿A donde van?

Muchos se van a las técnicas.
Otros siguen comparando.
A lo mejor, abandonan su arte por una grotesca relación de conveniencia, y renuncian a su sueño de ser el movedor que identifica intuitivamente el depredador innato a través  del olfato, la vista, el oído o el tacto, se anticipa a su presencia, lo oye llegar y adopta medidas para rechazarlo.

La cura tanto para los bailarines ingenuos como para aquellos cuyo instinto ha sido lesionado es la misma:

Practicar la escucha de la propia intuición, de la propia voz interior, hacer preguntas, seguir curiosamente, ver lo que tenga que ver, oír lo que tenga que oír, y danzar según aquello que sabe internamente que es verdad.

El bailarín que regresa a casa con su danza no tiene que ser amable, solo tiene que aprender a respirar bajo el agua, a caminar sin pies, a dejarse mover en caída libre, hacer que su danza sirva para servir.

El regreso a casa es para hacer de la danza lo que siempre ha sido, un ritual, una fuente de inspiración y perspicacia.

Dentro de la todo bailarín hay una vida secreta, y una danza que debe volver a casa.